Por estos días se cumplen dos años desde la entrada en vigencia de la constitución política de Colombia. Una constitución que trajo consigo muchos progresos democráticos; que declaró que Colombia era un Estado social de derecho, un Estado con respeto por las diferentes creencias y opiniones. Pero también una constitución sin la cual no hubiera sido posible insertar en Colombia la nueva tendencia económica global impuesta desde los centros del poder, es decir, el neo liberalismo, globalizacion, libre comercio, o como lo denomino Henry Kissinger “el papel dominante de los Estados Unidos”
Esta nueva política se tradujo en el mundo en una nueva división del trabajo, pero a escala global. Unos países, los más poderosos y más desarrollados, en adelante inundarían el mundo con sus mercancías y productos de elaboración compleja, cargados de valor agregado, y se endilgaban el derecho de dictar política económica a los países que se encontraban dentro de su órbita de dominio, siempre bajo la máscara del FMI y del BM. Y los países con mayor atraso en lo económico continuarían, como en la época de la colonia, convertidos en proveedores de materia prima, es decir, explotando y vendiendo sus recursos naturales, pero sin mayor transformación.



